4/5/15

A mis compañeros de piso

Normalmente uso esta columna para hablar de televisión, pero hoy quiero darle una pequeña vuelta de tuerca, son muchos los profesionales de la tele que tuvieron sus inicios en la radio y hoy quiero hablaros de este medio, el cual siempre lleva a sus espaldas la amenaza de desaparecer, absorción por parte de las nuevas tecnologías y la falta técnica de contenidos que enganchen a los oyentes.
Creo que a este medio le faltan aún muchos años para que pueda desaparecer, que las redes sociales están ayudando a que el medio sea más fuerte y que no deberíamos olvidar que la radio es como un gran peluche que hace compañía a toda esa gente que se siente sola.
La pasada semana asistí a la entrega de los premios Ràdio Associació y que se otorgan anualmente a aquellos programas y profesionales del medio que por el motivo que sea han destacado en cada una de sus categorías. Al evento asistieron distintas personalidades, las cuales admiro por su trabajo como Gema Nierga, también premiada, Toni Clapés o Jordi Basté, este último también galardonado.
A todo esto, el programa de radio que presento cada semana, El pis d’estudiants, fue premiado como mejor programa de radio local y pudimos celebrarlo por todo lo alto con una gala muy emotiva y una cena donde pudimos compartir ratos con los compañeros del equipo.
Hoy, y perdonar que lo haga, dejarme que centre esta columna a ellos, a mis compañeros, a todos los nuevos profesionales que cada semana dedican una porción de su tiempo a colaborar en este programa y que aunque ya he podido darles las gracias personalmente por haber aportado algo al formato, ahora quiero hacerlo explicando el porqué de la importancia que tienen todos y cada uno de ellos para mí.
Me considero un profesional de la nueva escuela, sin quererlo me creado un personaje, o mejor dicho un escudo dónde me protejo de mis miedos y tabús para dar paso a un show que genera semanalmente contenidos y tramas alrededor del equipo del formato, llegando a veces a situaciones de alto voltaje y que hacen dudar si lo que haces es correcto o quizás te estas excediendo.
Des del principio, y quizás por el miedo a lo que puedan pensar de mí el resto de compañeros, me importa mucho lo que lo que dicen y lo que opinan sobre todo aquello que está relacionado con nuestro trabajo y directamente con mi persona. Es más, creo que si yo jugara en el otro lado de la barrera ya me habría retirado de la partida y por eso cada vez que veo que siguen jugando, tengo más claro que voy con los mejores.
Algunos de mis compañeros los considero amigos de mi terreno personal, y con otros solo tengo una relación profesional, ni mejor ni peor, distinta. Pero sin ninguno de ellos no podría hacer lo que hago y disfrutarlo tanto como lo estoy haciendo en esta etapa, que sin duda está siendo de las mejores de mi corta carrera en el mundo de la comunicación.
Claro está que no todo nos lo decimos a la cara y que a veces no coincidimos en la manera de afrontar o transmitir las ideas, es prácticamente imposible encontrar la neutralidad en todo aquello que hacemos, pero creo que lo mismo pasa en las relaciones, en los trabajos convencionales y en todos los vínculos donde se precisa la cooperación de más de una persona.
Es más, tanto en la radio como en la tele, se confunde cuando se cree que el éxito de un programa depende sólo de como se hace y de lo que se hace, cuando realmente el secreto del éxito se esconde en la cocina de cada formato, y es por eso que puedo asegurar que detrás de cada sección, detrás de cada guion y detrás de cada sintonía se esconden miles de sensaciones y opiniones y que a veces se dicen y en otras ocasiones, con intuirlas basta.
Gracias a todos aquellos que siempre habéis confiado y entendido a medias lo que he querido hacer. No pido que siempre lo apoyéis, ni tampoco lo aplaudáis, me basta con que estéis cerca cuando me equivoque para poder rectificar.
De nuevo, ¡gracias!

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